|
Pasos vacios de todo destino no se donde me llevan, ni sé que hago en éste mundo, que parece odiar, todo lo que yo soy.
Solo la oscuridad de la noche me reconforta cómo pecho materno, lamo mí soledad con placer, todo está en silencio a mí alrededor, mís pensamientos retumban más fuertes que mís pasos lentos y angostos.
Todo mí ser se siente solo por esa soledad no buscada, provocada por la distancia de mí otro yo, esa otra soledad no buscada, provocada por el miedo a no poder con nosotros mismos.
Mí sangre quiere sentir tus labios cómo muerden mí vena, cómo te alimentas con mí aliento, cómo bebo tú cálida saliva, tú mirada penetrante calienta mí fría soledad, la buscada y la encontrada, ambas a la vez.
Mís ojos escrutan la negrura del paisaje urbano, buscando tus rasgos en las sombras sin principio ni fin, solo tú blanca tez calienta mí frio corazón. Tú oscura melena ondea a los vientos entre la lluvia helada, tú mirada es cómo un hielo ardiendo que todo lo funde.
Mí mano aferra tú cintura cómo sí fueras mí esclava para todo, eres lo único que tengo en está soledad buscada, el silencio es un códice que nunca se equivoca, y los dos lo escuchamos en silencio cumpliendo todo lo que nos dice, nuestros corazones baten fuerte.
Ésta soledad contigo es la que quiero sentir por toda nuestra eternidad. Tenerte a mí lado de la mano, mientras sentimos cómo la tierra nos cubre cómo un flash tenebroso, inmortalizando nuestro abrazo, con nuestros labios sonriendo por entrar así en la oscuridad buscada.
Azalais - copyright
|